ESCRITOS DE ENFERMERIA
 
 
 

El proceso de cambio de la Enfermera Familiar y Comunitaria

 
 
 
  Alba Brugués i Brugués
Presidenta de l’Associació d’Infermeria Familiar i Comunitària de Catalunya –AIFICC

 
 
 
 

La Enfermera Familiar y Comunitaria es el profesional que trabaja en la Atención Primaria que más ha cambiado en los últimos años para adaptarse a un mundo cambiante, de una sociedad cambiante con unas demandas y necesidades también cambiantes. Cambios como al aumento de la población, la inmigración, el envejecimiento, la disminución de los autocuidados de los ciudadanos y de un ciudadano cada vez más exigente.

Ya hace más de 25 años que la Enfermera Familiar y Comunitaria se instaló en una consulta individual y empezó a desarrollar su rol en educación sanitaria, en el seguimiento de enfermedades crónicas, en actividades de prevención y promoción para la salud, en el seguimiento, crecimiento y desarrollo del niño, etc. que hasta entonces estaban poco o nada trabajados. Con la entrada de la Reforma de la Atención Primaria, la enfermera dejó de ser un técnico sanitario a pasar a ser un agente de salud más del sistema sanitario con el despliegue de unas competencias propias.

Durante estos veinte-y-tantos años nos hemos adaptado a los cambios de una manera discreta pero a la vez rigurosa con las exigencias del sistema sanitario y de la propia sociedad. Pero el papel de la Enfermera Familiar y Comunitaria se centró mucho en el paciente con algún problema de salud crónico en adultos y del seguimiento del programa del Niño Sano en pediatría, de forma que nuestra intervención estuvo centrada en unos pocos pacientes los cuales, en muchos casos, han sido más cronificados del que era recomendable.

Desde hace unos 4 o 5 años, pero, estos cambios se han hecho mucho más tangibles y necesarios, a la vez que nos han llevado a una reflexión muy profunda sobre qué esperamos las enfermeras comunitarias de nuestra profesión, qué esperan los ciudadanos de nosotros y qué nos pide el sistema de nuestra aportación al conjunto de la sociedad. También estamos ante un cambio en nuestra formación. La entrada del plan europeo de formación dónde se pasa de la diplomatura a grado y con la aprobación de las siete especialidades entre ellas la de “Enfermería Familiar y Comunitaria” por parte del Ministerio, también nos debe hacer reflexionar sobre qué más podemos aportar a los ciudadanos, a la familia y a la comunidad.

Hemos de evitar mantener un sistema que ha medicalizado de forma excesiva a la población y encaminar nuestras intervenciones hacia la autocura y a la responsabilización del ciudadano de su propia salud. Tenemos sobre la mesa instrumentos que nos permiten desarrollar mucho más nuestras competencias y dar respuestas concretas a las demandas de los ciudadanos: de educación grupal, el programa Salud y Escuela, la enfermera de enlace y gestora de casos, programas de intervención en los procesos agudos de salud, etc.

Otro aspecto que nos debe cambiar nuestra orientación de sobre qué hacemos y como hacemos nuestro trabajo, es la aprobación de la nueva ley de salud pública dónde los aspectos de promoción y prevención están mucho más definidos y es la enfermera el profesional que tiene más papel en este nuevo escenario.

Lo que está claro es que no podemos quedarnos con los brazos cruzados mirando como el mundo cambia sin nosotros hacer el esfuerzo de adaptarnos a estos cambios. Porque sólo nosotros podemos dar la respuesta más adaptada, ágil y sobre todo en base a las competencias que define nuestra profesión y a nuestra razón de ser que es EL ARTE DE CUIDAR.